Fuerteventura dunes

Fuerteventura Express: un día en Corralejo

02 de marzo de 2018
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Hoy quiero invitarles a pasar un día en Corralejo. Seguro que ya se habían fijado en esa gigante playa de Fuerteventura que podemos avistar desde Lanzarote. Se trata del Parque Natural de las Dunas, uno de los puntos de mayor interés en el norte de Fuerteventura. No pude resistir las ganas de verlo desde cerca, así que decidí pasar mi día libre en la isla vecina.

El trayecto en ferry a Corralejo duró aproximadamente 40 minutos. El viaje fue muy entretenido. Al principio pude admirar el muelle de Playa Blanca y la majestuosa Montaña Roja; un solitario volcán localizado cerca de la costa de Lanzarote. Era un día soleado así que decidí comprarme una cervecita bien fría en el bar situado en la cubierta inferior y luego disfrutar del trayecto en la planta exterior del Ferry, y así disfrutar del aire libre. Hacía algo de viento y el barco se movía un poco al surcar las olas, ¡pero al fin y al cabo es lo que hace los viajes marítimos tan divertidos! Como soy una persona algo patosa, perdí el equilibrio por un momento un par de veces, pero no era nada peligroso, si no gracioso. Con la cerveza en una mano, me apoyaba en las sillas para recuperar la estabilidad. Sinceramente, creo que el resto de pasajeros se lo pasaban bien mirándome.

Justo antes de llegar a Corralejo pasamos cerca de Isla de Lobos, donde un grupo de deportistas practicaba kitesurf aprovechándose de las condiciones meteorológicas. Fue muy interesante poder observarlos de cerca. Las cometas redondas y coloreadas ¡eran fascinantes!

Tras desembarcar en Corralejo me dirigí a la parada de taxis más cercana y pedí al chofer que me llevase al Parque Natural. Por 7€ me me llevó hasta el hotel Riu, localizado literalmente en el medio de las dunas. Era muy majo y me enseñó donde coger el autobús de vuelta. Más tarde me di cuenta de que también podría haber alquilado una bici, ya que la distancia entre el muelle de Corralejo y ese hotel es de tan sólo 6 kilómetros. ¡Puede que lo haga la próxima vez para aprovechar el trayecto al aire libre y de paso hacer ejercicio!

Las dunas son espectaculares. Me quité los zapatos y fui directamente hacia la montaña de arena más grande que he visto en mi vida. ¡Las vistas desde arriba eran maravillosas! ¡Me sentí como si estuviese en un desierto! En ese mismo momento comprendí por qué los habitantes del desierto suelen llevar turbante (por lo visto, el sol no es la única razón). La arena, levantada por el viento, entraba en mis orejas y mi boca. Tomé un par de fotos y caminé hasta mi oasis particular – un chiringuito. Ése momento relax me dio la energía perfecta para continuar el día. Después cogí el autobús hasta el pueblo.

Almorcé en un restaurante al lado de la playa de Corralejo. Decidí comer en la terraza para poder observar cómo un grupo de personas construía un gran castillo de arena. Después me atreví a hablar con ellos y descubrí que además de ser locales, todos los días acuden a esa playa para realizar sus esculturas. Siempre me pregunté cómo se hacen esas construcciones tan definidas e impresionantes… ¡Pero no os contaré ese secreto! Para descubrirlo tendréis que visitar Corralejo vosotros mismos.

 

 

 

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