¿Qué hacer en La Graciosa? – Guía definitiva de la octava isla

llegar a la graciosa

¿Qué hacer en La Graciosa?

Guía definitiva de la octava isla canaria

“El mar estaba tranquilo y un vapor rojizo cubría el horizonte. En esa soledad, en medio de tantos islotes inhabitados, gozamos de una naturaleza imponente y salvaje”.

Lo dejó escrito en su diario Alexander von Humboldt, uno de los naturalistas más famosos del mundo, cuando llegó a La Graciosa en 1799.  

Calles de arena. Playas de película de espías. Gente encantadora. Paellas para morirse de placer. Paseos en bici. Los baños al atardecer más gloriosos de tu vida. Todo lo que te cuenten sobre esta isla de 29 km2 que colecciona más títulos de protección que Óscar tiene Ben Hur es poco.

¿Preparados? ¡Nos vamos a La Graciosa!

 

Cómo ir de Lanzarote a La Graciosa

“¿Pero ya merecerá la pena ir?”. ¿Y qué hay además de playas?”.

En todo grupo que se precie hay un fiscal del Estado que pone a prueba la calidad del plan que la mayoría tiene en mente. Con La Graciosa tiene el caso perdido (o ganado, según se mire). Hay tantas razones para ir, que lo atiborramos en medio minuto:

— Sólo el viaje en ferry merece la pena, porque pasas por una farallón precioso.

— Y además dicen que ahí está la cala más exótica de toda Canarias, ¡a ver si te enteras!

— Y tenemos mercadillo y unas señoras que hacen sombreras a mano…

— Dirás sombreros.

— No, sombreras, ¡AS!, con A de armario.

— Vale, vale. ¿Y cómo vamos?  

 

Vamos con toda la ilusión del mundo y con la empresa Líneas Romero, que además ofrece un cómodo transfer desde Arrecife para la gente que no tiene un coche alquilado.

El ferry sale desde el pueblo de Órzola. Cogemos el coche en la capital de Lanzarote, Arrecife, y tardamos unos 35 minutos en aparcar en el muelle del pueblecito pesquero. Vamos con tiempo suficiente para tomarnos un bocadillo, una caña y, el más aprensivo de los tres, una biodramina porque tiene miedo a marearse.

Una de las cosas que más me gustan de esta naviera es que permite llevar maletas, tablas de surf y bicis sin coste adicional. Y, sobre todo, que permite viajar con mascotas a bordo. Mi Fredo, un yorkshire con buenas pulgas, se ha quedado en casa esta vez, pero me gusta saber que si vuelvo a La Graciosa podrá pasear, tranquilamente y libre de todo transportín, por el salón de pasaje o en cubierta. Sólo se nos exige que vaya sujeto con correa y en, si el animal es de una raza potencialmente peligrosa, que lleve puesto un bozal. Lo lógico para la buena convivencia, la misma normativa que impera en el parque que tengo debajo de mi casa.   

Los barcos de Líneas Romero hacen diez viajes diarios conectando los puertos de Órzola y Caleta del Sebo. El más madrugador zarpa desde la costa lanzaroteña a las 8:30. La frecuencia es estupenda: el ferry se puede coger también a las 10:00, 11:00, 12:00, 13:30, 16:00, 17:00 y 18:00. Entre los meses de mayo y octubre el servicio se amplía con dos ferrys más que salen de Órzola a las 19:00 y a las 20.00.

El viaje dura unos 30 minutos y cubre unos 7 kilómetros. Transcurre por el estrecho brazo de mar que separa Lanzarote de La Graciosa y que se llama El Río. El paisaje es precioso y el trayecto dura un suspiro. La experiencia es maravillosa: huele a mar adentro y a aventura náutica.

¡Ah! El ferry tiene bar y wi-fi abordo. Pero lo más recomendable es dejar los LOL y los hashtag para más tarde. Mira el gran azul que te rodea y desconecta.

Cómo ir de Fuerteventura a La Graciosa

¿Es complicada la logística para viajar desde territorio majorero hasta la octava isla canaria? ¡Claro que no! A día de hoy, los ferrys y las combinaciones de bus convierten el viaje en una experiencia bastante cómoda.

Al lío. Lo mejor para ir a La Graciosa desde Fuerteventura es coger un ferry de Líneas Romero en Corralejo con dirección Playa Blanca. El viaje por el estrecho de la Bocaina dura 45 minutos y tienes siete oportunidades diarias para embarcar en el puerto de Corralejo: a las 9.00, 10:30, 11:30, 11:50, 13:30, 17:30 y 19:30.

El barco te dejará en el muelle de Playa Blanca, sitio perfecto para tomarte un café y una tapita al sol mientras contemplas el bamboleo de la marina. En el mismo muelle encontrarás una parada de guaguas (autobuses): espera la línea 6, que pasa cada hora, y te llevará hasta la estación de guaguas de la capital. Cuando llegues a la terminal, un edificio multicolor, busca la línea 9, que conecta con el muelle de Órzola y sus horarios se coordinan con los del ferry que te llevará a tu destino final: La Graciosa. Comprueba los horarios que mejor se adapten a tu viaje y llévate un buen libro o unos cuantos juegos en tu tablet para disfrutar del trayecto. Playa Blanca también es el punto de partida de una excursión hacia La Graciosa que incluye transporte en autobús privado hasta el muelle de Órzola y el ferry hasta La Graciosa. Ida y vuelta, claro. 100% comodidad. Es más: puedes aprovechar y hacer noche en alguna de las localidades turísticas de Lanzarote (Playa Blanca, Puerto Calero, Puerto del Carmen, Arrecife, Costa Teguise). Al día siguiente tendrás el bus esperándote en la puerta de tu alojamiento para llevarte a la paradisiaca octava isla.

No vayas a pensar que el viaje se hace pesado: ver discurrir el paisaje de la isla desde la ventana mientras atraviesas la isla es una delicia. No hay nada como dejar que otros asuman los mandos de la conducción para relajarse.

 

 

Excursiones y ferry a la graciosa

 

 

Buceo y senderismo: las mejores actividades para conocer el patrimonio graciosero

Primero de todo: si puedes, haz noche en Caleta de Sebo o Pedro Barba, y mete en la mochila el libro Parte de una historia, de Ignacio Aldecoa. Existencialismo puro y duro con una protagonista esencial: La Graciosa en los salvajes años 60.

Caleta del Sebo La Graciosa

Segundo: dedicate a pasear y a contemplar.

Tercero: quítate el reloj, desactiva las alarmas, prueba a dejar el móvil cargando todo el día en el apartamento. En La Graciosa el tiempo se mide con las mareas y los aromas en punto que emanan de los restaurantes.

Caleta del Sebo y Pedro Barba, los dos núcleos de población de una isla que cuenta con apenas 800 residentes habituales. El asfalto no ha colonizado las calles y el ánimo mejora sustancialmente sólo con pasearlas.

Desde tiempos remotos, La Graciosa ha sido un “paradero socorrido” y un refugio natural para las embarcaciones que pasaban por Canarias. Aquí conversaron los conquistadores normandos y los pobladores de la isla (majos). Aquí se compraron y vendieron personas esclavas. Aquí recalaron piratas. Las calles de la isla atestiguan su pasado y su presente todavía marinero: todas tienen nombre naútico (Estribor, Relinga, Sirenas…)

Mi hermana decide bucear en el bajo de Las Gerardias, “una de las inmersiones más bonitas que he hecho en mi vida”, dice. National Geographic le da la razón y dice que es una de las mejores de Europa: una acantilado submarino de 70 metros donde vive una espectacular colonia de gerardias (corales) con ejemplares que pueden alcanzar los dos metros. Gorgonias rojas, abades… Es un auténtico show que te restituye por dentro.  

El tercer amigo en cuestión se decide por una caminata a pie por el norte de la isla: de la aldea Pedro Barba bordea la isla por el norte hasta llegar a playa de Lambra, también conocida como playa del Ámbar porque antaño aquí se encontraba la preciada secreción biliar del cachalote, muy usada en cosmética, luego para a ver el Arco de los Caletones, un arco de piedra basáltica  azotado por el mar.

A mi me da por el remo y decido unirme a uno de los paseos en kayak que ofrecen las empresas que organizan actividades acuáticas en Caleta del Sebo. Como mi nivel es bastante principiante, me siento más segura y contenta en compañía de otros novatos como yo. Remar en la costa de La Graciosa es un sueño cumplido: me siento grumete, me devoro el paisaje con los ojos, me voy a comer lo que me echen en cuanto llegue a tierra.

kayak en La Graciosa

Dos amigas de mi hermana se han presentado de improviso en Lanzarote y deciden unirse a nuestra aventura graciosera. Son unas bon vivant y unas viajeras empedernidas: un día se apuntan a hacer una excursión por el Norte de Lanzarote, que incluye una visita a Lagomar (un secreto imprescindible), el Mirador del Río y una visita a La Graciosa.

Como se quedan con ganas de más, al día siguiente contratan una excursión que incluye el ferry desde Órzola y una excursión a bordo del catamarán Juanita Cat alrededor de La Graciosa. ¡Ellas sí que saben! Su itinerario incluye: mojito y fruta de bienvenida (ellas que son muy sanas, atacan la sandía), fondeo para contemplar Montaña Amarilla, baño en la playa de la Montaña y fondeo en Playa de la Francesa, para hacer snorkel mientras preparan paella con pescado fresco a bordo. Insuperable.  

 

¿Bici o jeep? Alternativas de transporte para moverse por La Graciosa

Nos subimos a una bici que hemos alquilado en Caleta del Sebo a un tipo encantador que nos ha dado: su teléfono por si tenemos cualquier percance, las mejores recomendaciones sobre los caminos que debemos tomar y el agua que debemos llevar. Así da gusto.

Las pistas de arena le dan mil vueltas al asfalto y pedaleamos con gusto. Para mi, la bicicleta es el mejor vehículo para conocer la isla.

paseo en bici por la graciosa

 

Nuestro destino: la playa de las Conchas. Pedaleamos rumbo norte y cuando la vemos aparecer, nos da un vuelco el corazón. ¿Hola, James Bond? Por esta playa entra todo el jable (arena de origen orgánico, multitud de conchas de moluscos trituradas) que el viento arrastra desde el Sáhara, así que el viento suele ser constante casi todo el año y las corrientes en el agua bastante fuertes. Remójate, relájate, pero no pierdas pie. Guarda fuerzas para subir la vecina Montaña Bermeja y tener una vista alucinante del resto del archipiélago chinijo. ¡Matrioska de archipiélagos!

Si prefieres ver la isla de forma más cómoda, puedes contratar un Land Rover Defender 4×4 que te llevará a darte un baño en la playa de La Francesa, a coger olas en alguno de los spots de la isla o a comer de regreso al pueblo. La demanda de servicios en La Graciosa aumenta cada año, pero la población local lucha por guardar un equilibrio sostenible entre el turismo, hoy día su principal motor económico, y la sostenibilidad de su naturaleza y de su estilo de vida.

La Graciosa acoge eventos tan importantes como el Desafío Octava Isla, una prueba de triatlón-cross y de trail que se celebra en marzo, la Travesía a Nado, que se celebra entre septiembre y octubre, según dicten las mareas: los nadadores salen de la playa bajo El Risco (otro lugar espectacular) y nadan los 2.600 metros que separan la costa de Lanzarote del puerto de Caleta del Sebo. Empezó en 1993 de manera doméstica y se ha convertido en una de las travesías más populares de Canarias. El ambientazo en La Graciosa al terminar la prueba es espectacular.

Los conciertos del Festival de Música de Canarias, rodajes de spots publicitarios, sesiones de fotografías para bodas… La Graciosa atrapa cada vez más y hay que cuidarla con ahínco. Por eso siempre recomiendo usar, siempre que se pueda, ese vehículo de dos ruedas no contaminante llamado bici o nuestras piernas para desplazarnos por este paraíso.

 

Un día en La Graciosa con los niños

Si son capaces de convertir el pasamanos de una escalera en una nave espacial, imagínate lo inagotables que serán sus juegos en La Graciosa.

Esta es sólo una posible lista de planes para disfrutar con los chinijos de la casa.

 

  • El barco va a ser la primera aventura. ¡Sé un buen capitán y ríete con tus grumetes!
  • Coge tubo, careta y zambúllete con ellos: un baño aquí es una lección de biología marina
  • La playa más tranquila y segura: La Francesa
  • A diez minutos a pie, siempre protegidos con gorra, protección solar, agua y unas buenas cholas y playeras de quita y pón, está la preciosa cala de La Cocina: 100 metros espectaculares de aguas turquesas menos concurridas que las de La Francesa.
  • La playa con mejores conchitas para jugar: la de las Conchas (aquí sólo se podrán refrescar, la corriente es demasiado fuerte para que bañes tú o ellos)

Playa de las conchas La Graciosa

  • Los baches en un jeep es algo que les parte de risa
  • Date una vuelta por el parque infantil del pueblo
  • Déjales que corran por las calles de arena mientras te quedas de sobremesa
  • Haz un trayecto corto en bici con ellos
  • Pregunta a los locales cómo puedes ver y comprar artesanía auténtica graciosera: sombreras, camisas y elaboraciones textiles. Tu interés ayudará a su conservación y los peques fliparán bastante con las chalanas diminutas que se fabrican por allá.

 

Gastronomía y restaurantes en La Graciosa: ¿qué platos pido para comer?

Será la frescura del pescado. Será que con esas vistas todo sabe mejor. Será que sentarse a la sombra y empezar a untar pan en un mojo rojo casero ya es el mejor aperitivo del mundo. Será. El caso es que las digestiones en La Graciosa son plácidas y necesarias.

Dos consejos:

  1. Elige el sitio y busca mesa 30 minutos antes de lo que tenías previsto. La oferta de restauración es limitada. Bien merece la pena tomarse una caña mientras se lee la carta tranquilamente. Si llegas un día de agosto a las dos de la tarde y esperas comer en un tiempo razonable, ¡olvídate! Ni los cocineros ni los peces se pueden multiplicar.
  2. Habla con los camareros y explícales que te vas buscando los mejores  productos frescos de la carta. Te dirán qué capturas del día que tienen en nevera y cómo te las pueden preparar.

Muchos lanzaroteños que veranean en La Graciosa suelen elegir Casa Enriqueta, que también tiene una pensión para pernoctar, y Casa Chano (Bar La Caletilla).

Estos son los platos imprescindibles y típicos:

  • Lapas a la plancha
  • Caldo de mero (para hundirte en las raíces de la gastronomía marinera graciosera, hay que encargarlo con antelación: todo dependerá de las capturas de pescado fresco del día y de cuántas personas se sienten a comer)
  • Pescado a la espalda: la vieja tiene una carne sedosa y exquisita, la sama y el bocinegro también son deliciosos. Todos los pescados vienen acompañados de papas arrugadas y ensalada. No te pases con los entrantes o no podrás limpiar la raspa.
  • Gofio escaldado con cebolla (otro hito)
  • Queso frito con mermelada de higos
  • Pulpo
  • Caldereta de marisco
  • Arroz caldoso de marisco

 

¿Qué vas con niños que todavía andan educando el paladar? No pasa nada. Casi todos los restaurantes te servirán hits infantiles para salir del aprieto: pollo frito, arroz a la cubana, lasaña…

Ahora que sabes cómo llegar, qué hacer y qué clase de paraíso es La Graciosa, es tu turno:  abalánzate sobre el calendario y elige qué semana del año vas a cogerte libre para regalarte esta experiencia. 🙂

 

 

Dolores Hosse

Travel Blogger

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